CAMPO DE PRISIONEROS

Chacabuco se tiñe no solo de nostalgia, sino también de oscuridad y desesperanza, ya que entre 1973 y 1974, buena parte de las viviendas otroras destinadas a albergar al núcleo familiar de pampinos, fueron convertidas en celdas para hombres sin delito alguno. Esto hizo que la ex oficina fuese declarada años después como Sitio de Memoria.

Tras el Golpe de Estado, las instalaciones de la ex oficina salitrera fueron tomadas por el Ejército de Chile en noviembre de ese año, y convertidas en una prisión militar para políticos considerados disidentes al régimen. Esto ocurrió específicamente en el área noreste del campamento.

El área exterior de la ex oficina fue minada para evitar la fuga de los hombres ahí confinados.

Chacabuco
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Fue a partir del sábado 10 de noviembre de 1973, la exofina y ahora campo de prisioneros comenzó a recibir a sus primeros políticos, llegando a tener más de 1.280 confinados venidos de diferentes partes del país. Estos fueron dispuestos a lo largo de más de 80 pabellones (cada uno, con unas 10 viviendas) y en cada vivienda fueron retenidas entre cuatro a seis personas. Hoy es posible apreciar la numeración militar pintada en negro en las murallas de estos corredores. Todos los prisioneros políticos eran alimentados en un comedor común en medio de la salitrera, y hasta julio de 1974 no contaban con luz eléctrica.

No obstante, no se registró ninguna muerte por ejecución durante este periodo en Chacabuco, salvo el suicidio del interno Óscar Vega González de 67 años, quien se encontraba preso por haber sido dirigente gremial y militante del MAPU. Según un testigo, su depresión aumentó, pues en ese mismo lugar, en los tiempos en que funcionaban las salitreras, había trabajado y vivido con su mujer e hijos. El testigo recordó que le había enseñado su casa familiar de entonces, la que todavía estaba en pie. Vega González se colgó de la viga de la habitación que compartía con otros reclusos a las 10:00 de la mañana del 22 de noviembre de 1973.

Otro de los prisioneros políticos que pasaron por Chacabuco fue el periodista Manuel Alberto “Gato” Gamboa, director del diario El Clarín. Gamboa fue trasladado a Chacabuco después de estar relegado en el Estadio Nacional. Tras su libertad, escribió en 1984 el libro “Un viaje por el infierno”, recogiendo las experiencias de su reclusión. También el cantautor Ángel Parra (hijo de Violeta Parra) estuvo prisionero en la ex oficina. Tras su liberación, sacó ya en exilio el álbum “Chacabuco” en 1975.

También estuvo confinado en Chacabuco don Orlando Valdés Barrientos, alias “El Caliche” (Q.E.P.D) exmilitante del MAPU, y que durante su encierro en la ex oficina se dedicó a realizar una serie de esculturas, tallando los troncos de los árboles secos de la plaza del lugar. Estas esculturas sobreviven hasta el día de hoy, y la principal representa a un Cristo, la efigie de una virgen y una serpiente junto a una manzana. También el mismo “Caliche” es autor de otra obra. Un retablo de la Iglesia de Chacabuco hecho en relieve al interior de una de las viviendas.

Sus esculturas hasta el día de hoy, son un testimonio no solo del horror que se vivió en la vieja salitrera, sino también de la resiliencia y de la capacidad de creación de una persona que sufrió la privación de su libertad sin ningún juicio legal.

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