Chacabuco

Historia de la oficina chacabuco

Bautizada así en honor a una batalla librada en 1817 durante el proceso de independencia de Chile, Chacabuco fue una oficina salitrera cuya construcción fue mandatada por la empresa Anglo Nitrate Company Ltd. a un costo de un millón de libras esterlinas. La obra inició en 1922 y comenzó a operar dos años más tarde, en el denominado Cantón Central.

Ubicada a 110 km de Antofagasta, al costado este de la ruta CH-5, el poblado llegó a contar con alrededor de 6.000 habitantes, dentro de los cuales se estima que 2.000 eran obreros dedicados a las labores de extracción y elaboración del salitre, producido mediante el sistema “Shanks” (ver Chacabuco Industrial).

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El plano urbano e industrial de esta oficina se disponía alrededor de 26 hectáreas, siendo una de las más grandes de la región, y contando con servicios como un hospital, maternidad, escuela, una pulpería (mercado), una iglesia católica y una lavandería. Además contaba con espacios de distensión para los obreros y sus familias como un gran teatro con capacidad para 1.200 espectadores distribuidos en 700 galerías, 100 anfiteatros, 300 plateas y 100 butacas para palcos.

Periódicamente funcionaban distintas compañías-biógrafos. También la salitrera tenía una plaza principal con una filarmónica, juegos infantiles, canchas deportivas, una biblioteca, gimnasio, piscina, y un club de rancho (o de empleados). También en su interior circulaban coches y camiones, muchos de los cuales sus chasis aún hoy se pueden encontrar entre sus calles.

Chacabuco también contaba con energía eléctrica, la cual era proporcionada por la generadora que operaba en la zona industrial, y también disponía de agua potable para su población, la cual era extraída desde el río Siloli mediante bombas que las irrigaban a lo largo de las calles a través de pilones (fuentes). Había un corral en la periferia sur del campamento, en donde llegaba vía trenes el ganado que posteriormente era despostado para abastecer de alimentos a la población, y en menor medida, para uso de fuerza para la tracción de carretas.

Las viviendas destinadas para los obreros y sus familias estaban dispuestas en más de cuarenta cuadras apostadas al noreste del campamento, mientras que la administración ocupaba amplios chalets que se encontraban adyacentes al barrio cívico, es decir cerca de la plaza, el teatro y las oficinas de la administración.

El ocaso del sistema británico Shanks ante el nuevo sistema norteamericano Guggenheim hizo que Chacabuco fuera perdiendo competencia como salitrera. Sus chimeneas dejaron de humear en 1938, siendo el cierre definitivo de la oficina en 1940.

Chacabuco fue declarada Monumento Histórico Nacional el 26 de julio de 1971, por el decreto 1749. No obstante en 1973 fue expropiada por el Ejército de Chile para adaptarla como campo militar de prisioneros políticos (ver Campo de Prisioneros Chacabuco).

Luego de quedar desocupada, la oficina fue balnco del vandalismo, por lo que en 2003 se crea la Corporación Museo del Salitre Chacabuco, tomando la misión de salvaguardar este patrimonio del pasado nortino, tarea que realiza hasta el día de hoy.

Construido entre 1922 y 1924, este período corresponde a la presidencia de Arturo Alessandri Palma. Tiempos políticos difíciles. El parlamentarismo atravesaba su peor crisis, y en el momento del fin de la construcción. Apareció el Decreto Militar de 1924. El parlamento fue disuelto y el presidente Alessandri abandonó el país. La crisis alcanzó también al salitre, como antesala de lo que estaba por venir. Una vez más, la próspera industria del salitre se vio duramente afectada. Primero por la invención del salitre sintético, luego por las sucesivas crisis económicas y las guerras que vivió el mundo en la primera mitad del siglo XX. las granjas cerraron gradualmente de 60.000 trabajadores a la mitad de la fuerza laboral.

Pese a estas circunstancias la empresa inglesa Lautaro Nitrato C° Ltda. emprendió la construcción de Chacabuco, un ejemplo de modernidad tanto en términos constructivos como de instalaciones técnicas o de vida y organización social.

Chacabuco se destaca por las completas dotaciones urbanas que le han permitido la autosuficiencia. En efecto, es una ciudad que tenía todo lo necesario para albergar a una población de alrededor de 5.000 personas: hospital, teatro, iglesia, hotel, escuela, tienda de comestibles, mercado, gimnasio, piscina, campos de fútbol y plaza. La característica esencial es la estructura cerrada, con los patios de las casas orientados al exterior. Esta fue la primera operación casi cerrada por completo.

Debido a la obsolescencia tecnológica, – el nuevo sistema de producción “Guggenheim” ya había sido probado con éxito en la planta “Coya Norte”, también llamada “María Elena”, – y sobre todo la “Gran Depresión”, impedida desde el punto de vista de rentabilidad, Chacabuco no seguía siendo rentable, lo que motivó su cese de operaciones en 1938. Una vez rechazada la posibilidad de relanzar su actividad hacia 1945, se inició su desmantelamiento y en 1968 los propietarios vendieron Chacabuco a la Empresa Química y Minera de Chile (SOQUIMICH).

En 1971 la antigua explotación salitrera de Chacabuco fue declarada Monumento Nacional, en la categoría de Monumentos Históricos, con el fin de preservar este inmenso testimonio vivo de lo que fue el desarrollo industrial del salitre en Chile y la forma de vida de la época.

El 11 de septiembre de 1973 se produjo el golpe militar y las fuerzas armadas utilizaron parte de la antigua finca “Salitrera Chacabuco” como lugar de detención de presos políticos hasta noviembre de 1974. Alrededor de 1500 hombres de todo el país y de todas las clases sociales. han vuelto a darle vida a Chacabuco.

Desde 1990 y hasta la actualidad, el Ministerio de Bienes Nacionales es propietario de la antigua mina “Salitrera Chacabuco”.

Desde el año 2003 la Asociación del Museo del Salitre de Chacabuco es responsable de su administración y desarrollo de un plan de manejo. Esta estructura sin fines de lucro tiene como objetivo principal preservar, recuperar y difundir el patrimonio cultural de Chacabuco. Canalizar y armonizar esfuerzos para la restauración y establecimiento de un centro cultural y turístico permitirá revivir el Monumento Nacional.

Chacabuco

Proceso industrial de la oficina chacabuco

Chacabuco fue una oficina productora de salitre que funcionó bajo el sistema inglés conocido como “Shanks”, y fue la última salitrera construida que empleó este este método de extracción caracterizado por el uso de la fuerza de tracción y el trabajo bruto de los obreros en la pampa.

El sistema “Shanks” se le llamó al conjunto de operaciones, teniendo el objetivo de extraer el caliche que se hallaba en la superficie de la pampa para, tras un tratamiento de tres etapas que consistían en la moledura del caliche; la separación del salitre del resto de la piedra y el secado al sol, finalmente convertirlo en el producto deseado.

Tras la extracción del caliche de la pampa a punta de tronaduras (explosiones) y barretazos (obreros picando la roca), este material era enviado ya sea por carretones o vagones del ferrocarril hasta la zona industrial de la oficina salitrera, el cual era vaciado en gigantescas máquinas trituradoras de rocas conocidas como “chancadoras”.

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Luego el material triturado era transportado para su lixiviación, proceso fisicoquímico que consiste en extraer una sustancia de un material sólido mediante el uso de un líquido, extrayendo así el caldo salitroso (el proceso era conocido entre los pampinos como “chulla). Luego este caldo era dispuesto en bateas de cristalización conocida como “cachucos” para la cristalización y la evacuación de las sales madres de la sustancia, resultando así posteriormente el salitre granulado, el cual era metido en sacos y dispuestos en amplias canchas para ser posteriormente enviadas mediante locomotoras hasta los puertos de Antofagasta y Mejillones, donde finalmente era embarcado y exportado al mundo.

La oficina tenía una capacidad para producir 15 mil toneladas métricas de nitrato al mes. En el sector industrial destaca la maestranza, la bodega, la casa de máquinas y la enorme estructura sostenida por un bosque de enormes pilares que albergaba los 54 grandes estanques de lixiviación, o “cachuchos”.

Chacabuco desde que inició sus faenas para este propósito en 1924, jamás apagó los calderos de sus máquinas, y el proceso de producción era constante, donde se estima que llegó a emplear tres turnos, cada uno de ocho horas, siete días a la semana, 365 días al año. Este incesante ritmo solo paró una vez, y para siempre en 1938, dos años antes del cierre total de la oficina. Es decir, la vida productiva del lugar fue de tan solo 14 años.

El agua para uso industrial de Chacabuco era extraída a través de dos norias que se encontraban adyacentes a la misma planta de elaboración. Respecto a los obreros dedicados a estos trabajos, apenas dos años iniciada su producción, en 1926 la oficina contaba en su nómina con 1.571 trabajadores que eran parte de los 4.160 habitantes que constituían la población total de ese entonces.

Chacabuco también se caracterizó por pagar a sus trabajadores con el dinero metálico establecido y no bajo fichas de cambio, como era la usanza en las viejas oficinas salitreras de extracción “Shanks”, y cuyo uso siempre fue reclamado por las mancomunales obreras, pues no podían gasta esas fichas en otro lugar que no fuera la salitrera en la cual trabajaban.

Chacabuco

Chacabuco como campo de prisioneros políticos

Tras el abandono definitivo de las instalaciones de Chacabuco en 1938, la vieja oficina era utilizada en ocasiones como campo de entrenamiento militar. A partir del Golpe de Estado de septiembre de 1973, la salitrera fue expropiada a la Sociedad Química y Minera de Chile (SOQUIMICH), -que había adquirido la oficina cinco años antes- y fue adaptada como campo militar de prisioneros, donde se aisló el perímetro de las viejas viviendas obreras, ahora como una zona cercada con alambres de espinos electrificados y torretas de vigilancias armadas.

A partir del sábado 10 de noviembre de 1973, la exofina y ahora campo de prisioneros comenzó a recibir a sus primeros reclusos, llegando a tener más de 1.280 internos venidos de diferentes partes del país. Estos fueron dispuestos a lo largo de más de 80 pabellones (cada uno, con unas 10 viviendas) y en cada vivienda habitaron entre cuatro a seis personas. Hoy es posible apreciar la numeración militar pintada en negro en las murallas de estos corredores. Todos los prisioneros eran alimentados en un comedor común en medio de la salitrera, y hasta julio de 1974 no contaban con luz eléctrica.

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Según testimonios de exprisioneros, el campo estaba bajo la comandancia del capitán Carlos Minoletti Arriagada, y durante el tiempo de encierro, los detenidos fueron víctimas de constantes abusos y agresiones físicas, siendo también torturados psicológicamente al ser obligados a estar de pie durante horas bajo el tórrido sol del desierto, y sacándolos en ocasiones a trotar durante las gélidas noches.

No obstante, no se registró ninguna muerte por ejecución durante este periodo en Chacabuco, salvo el suicidio del interno Óscar Vega González de 67 años, quien se encontraba preso por haber sido dirigente gremial y militante del MAPU. Según un testigo, su depresión aumentó, pues en ese mismo lugar, en los tiempos en que funcionaban las salitreras, había trabajado y vivido con su mujer e hijos. El testigo recordó que le había enseñado su casa familiar de entonces, la que todavía estaba en pie. Vega González se colgó de la viga de la habitación que compartía con otros reclusos a las 10:00 de la mañana del 22 de noviembre de 1973.

Otro de los prisioneros políticos que pasaron por Chacabuco fue el periodista Manuel Alberto “Gato” Gamboa, director del diario El Clarín. Gamboa fue trasladado a Chacabuco después de estar relegado en el Estadio Nacional. Tras su libertad, escribió en 1984 el libro “Un viaje por el infierno”, recogiendo las experiencias de su reclusión. También el cantautor Ángel Parra (hijo de Violeta Parra) estuvo prisionero en la exoficina. Tras su liberación, sacó ya en exilio el álbum “Chacabuco” en 1975.

Según un testimonio de un exprisionero, “el sector alambrado, que fue donde vivimos y penamos, tenía más o menos seis cuadras de largo y tres de ancho (…). Todas eran casas pareadas, de adobes y techos de calamina. Durante el día, cada casa era un horno y de noche, una nevera. Cuando llegamos ninguna casa tenía puertas ni ventanas. Les habían clavado arpilleras, que el viento las sacudía a su antojo. Se improvisaron hasta el final, dos grandes letrinas, con duchas y lavatorios. Los servicios higiénicos eran dos o tres grandes acequias con tablones encima para solo poner los pies. Allí vivieron los presos chacabucanos, pero todo se hizo más llevadero porque el Consejo de Ancianos, nombrado por los propios detenidos, creó servicios médicos, asistencia judicial y social, bibliotecas, pulpería, salas para los conjuntos artísticos y un diario mural. Fuimos gente de buena ley”.

Chacabuco comenzó a ser despoblada en 1974, y muchos de sus reclusos fueron liberados y otros trasladados a lugares de confinamiento, como Puchuncaví, Ritoque, Cuatro Álamos y Estadio Chile. Para noviembre de 1975 el desalojo fue total.

Debido a este aspecto en febrero de 2018 la exoficina -mediante el decreto N°600- fue declarada como Sitio de la Memoria por el Consejo de Monumentos Nacionales (CMN), arguyendo que se “utilizó como campo de concentración de prisioneros políticos entre 1973 y 1975. Cerca de 1300 prisioneros estuvieron en sus instalaciones, lo que hace de Chacabuco uno de los más grandes campamentos de prisioneros no sólo de la región, sino del país, como consigna el Informe Valech”.

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